El duelo es un proceso natural de respuesta ante la pérdida de un ser querido que nos afecta a todos los niveles:
físico, cognitivo, emocional, conductual y espiritual.
(Alba Payás)
Cada persona y cada duelo es absolutamente único.. ha de vivirlo desde la libertad y la experiencia íntima personal. No hay un duelo igual a otro.
Esto son solo unas pautas, el duelo es muchas veces un camino largo lleno de consejos de la gente, así que mejor tomar para mi mente-corazón-cuerpo sólo lo que necesito y me sirva en cada momento.
Los primeros momentos tras la pérdida de un ser querido se caracterizan por la confusión, ciertos sentimientos de irrealidad, aturdimiento….. lo que se denomina también estado de “shock”, que resulta ser todo un recurso anestésico de la mente.
En esos momentos es importante recordar que es normal y adaptativo todo lo que pase por el cuerpo y mente.
La mente hace un “catacrack” y en eso todo vale como manera natural de regular el dolor y la gran cantidad de pensamientos, emociones, imágenes, recuerdos, sensaciones físicas… es todo un esfuerzo superviviente de cuerpo y mente. Por ello se insiste en que todos los síntomas o señales de duelo recientes tienen un sentido funcional y adaptativo.
Es aconsejable acoger cualquier reacción como una parte necesaria y adaptativa. Cualquier sentimiento, pensamiento o reacción física es normal, por rara o atípica que puedan parecer a alguien, todas las formas y extremos se dan y son funcionales.
También al inicio las profesionales solemos recomendar no precipitarse ni tomar ninguna decisión determinante que resulte irrevocable. No hay una norma universal de qué es mejor o peor, y va a a depender de cada caso y cada persona, si bien no es bueno precipitarse inicialmente por si luego hay arrepentimiento, o son decisiones que no correspondan posteriormente con las necesidades reales que había de fondo. Por ejemplo decisiones relativas a cambios de casa, ciudad, trabajo, los objetos de valor especial, o separarse o casarse, tener otro/a hijo/a..
La confusión inicial es tal que se recomienda centrase en todo lo que ayude a aterrizar a la realidad presente y en el hoy, así como en atender las necesidades y cuidados más básicos e inminentes: alimentación, descanso, gestiones cotidianas; con el mínimo de estructura que aporte el día.

Puede ser útil en los inicios mantener un mínimo de actividad y movimiento físico, como caminar, pasear por la naturaleza, acompañar a hacer compra., ordenar la casa, cuidar de mascotas o resto de familia,..Si hay menores se recomienda también cuanto antes retomar rutinas y horarios normales previos.
En el círculo de cuidados más inmediato de familiares y amistades se recomienda ofrecer cuidados, tareas o actividades lo más concretas y específicas posibles.
Más que el ofrecimiento genérico de “cuenta conmigo para lo que necesites”
sino…. “Voy contigo a hacer una compra, a qué hora te va bien que paso?…”, “Quiero acompañarte a ….”
Recordemos que muchas veces las personas en esa situación no saben de verdad qué necesitan o como pueden ser acompañadas, o qué les puede sentar bien o no más adelante o en un momento dado y las preguntas generales pueden ser casi como no decir nada.
Parte del aprendizaje en el acompañar en duelo es saber qué quiero y puedo ofrecer, con honestidad y cariño, y cómo voy a enfrentar los rechazos o cambios de idea de la persona que quiero acompañar…
En muchos momentos se va a priorizar según el estado emocional y físico, y habrá derecho al cambio de plan si surgen actividades o tareas para las que la persona pueda no sentirse preparada aún para afrontar.
Además en muchas ocasiones se trata de duelos compartidos, donde según el momento vamos a poder tener más o menos capacidad, más o menos disponibilidad y presencia emocional para acompañar bien al otro/a, y según para qué cosa…
Esto es especialmente importante si hay menores. Las personas adultas podemos desbordarnos y debemos buscar apoyo en otros/as adultos, no en menores. Los niños y las niñas necesitan de unos mínimos de contención y regulación emocional y no sentirse los soportes de la figuras adultas.

Acompañar en duelo supone contactar también con los duelos previos, más o menos elaborados, así como con los propios aprendizajes y límites con la expresión emocional… …es como si estos límites se pusieran a prueba…. Acompañar bien tiene que ver con saber acompañarse también a un@ mism@ en el dolor o en otras emociones difíciles. Porque sentir el dolor de la otra persona nos cuesta, queremos evitarlo, y nos pone a prueba. ¿Qué hago yo con mi propio dolor?, y ¿qué hacemos con el dolor? como los grandes retos y tareas del duelo.
Cada persona desarrolla unas maneras propias y va aprendiendo como puede. Y hemos de respetar y atender los diferentes modos y mecanismos de afrontar el duelo y el dolor pues habrá muchas diferencias individuales, necesidades y ritmos entre personas en duelo.
En algunas ocasiones puede ayudar tener claro una lista de personas de apoyo disponibles para emergencias, serán aquellas personas que puedan funcionar como aliados/as, saber bien a quién voy a poder llamar, serán personas recursos básicos para momentos difíciles. Pueden ir cambiando, pues han de ser personas que sepan escuchar si me encuentro en algún momento desbordada/o, que puedan escuchar sin juicio, y puedan contener y sintonizar emocionalmente.